En medio de un planeta poblado de seres inmateriales se escucha un lamento que amenaza con expandirse: es el lamento de los condenados, el lamento de los únicos capaces de cambiar el destino de los infortunados, su destino. el arte es nuestro estandarte, nuestra bandera en medio de la noche inmovil, silente. nuestra voz es la única capáz de surgir desde lo profundo alzando vuelo por sobre la ignorancia terrena y promulgar nuestra verdad, nuestro trozo de verdad que puede igualmente ser mentira pero que se mantiene como la pujante voz de los parias de una sociedad costumbrista y dogmatizante condenada al olvido.